Los 12 frutos del Espíritu Santo

Una familia corta naranjas de un árbol en el jardín: una niña va en los hombros de su papá, el niño lleva una canasta de fruta y una paloma blanca descansa en una rama

Los frutos del Espíritu Santo son lo bueno que el Espíritu va formando en nosotros cuando lo dejamos actuar, como los frutos de un árbol. La Iglesia cuenta doce: caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia y castidad. La lista viene de la carta de san Pablo a los Gálatas (5, 22-23).

  1. Caridad

    Amar a Dios y a los demás como Jesús nos ama.

  2. Gozo

    Una alegría que no depende de que todo salga bien.

  3. Paz

    La calma de estar bien con Dios y con los demás.

  4. Paciencia

    Soportar lo difícil sin perder la calma.

  5. Longanimidad

    Seguir esperando y haciendo el bien sin rendirse, aunque el fruto tarde en llegar.

  6. Bondad

    Hacer el bien a todos, sin esperar nada a cambio.

  7. Benignidad

    Tratar a los demás con dulzura y comprensión.

  8. Mansedumbre

    Responder con calma y sin violencia, aun cuando nos tratan mal.

  9. Fidelidad

    Cumplir lo que prometemos, a Dios y a los demás.

  10. Modestia

    Sencillez al hablar, al vestir y al actuar, sin presumir.

  11. Continencia

    Saber dominarse: los antojos, el enojo, las ganas de más.

  12. Castidad

    Un amor limpio, que respeta el propio cuerpo y el de los demás.

¿Dónde están los frutos del Espíritu Santo en la Biblia?

San Pablo habla de los frutos del Espíritu en su carta a los Gálatas, capítulo 5, versículos 22 y 23, y nombra nueve: amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí. La Vulgata, la Biblia en latín que la Iglesia usó durante siglos, añade longanimidad, modestia y castidad, y de ahí vienen los doce que enseña el Catecismo. Justo antes, en los versículos 19 al 21, san Pablo los pone frente a las obras de la carne.

Los dones y los frutos no son lo mismo: los dones son lo que el Espíritu Santo nos da, y los frutos, lo que se ve en nuestra vida cuando los aceptamos.

En familia

Elijan un fruto por semana. En la cena, cada quien cuenta dónde lo vio ese día en otra persona de la familia.

Para leer más, el Catecismo de la Iglesia Católica, números 736, 1832.

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