1 de noviembre

Todos los Santos, los Fieles Difuntos y el Día de Muertos

A principios de noviembre, muchas familias arman en casa una ofrenda: fotos de sus seres queridos que han muerto, velas, flores amarillas llamadas cempasúchil y la comida que a ellos les gustaba. Es el Día de Muertos, una costumbre familiar que nació a lo largo de los siglos de las tradiciones indígenas y de la fe católica. Es una forma hermosa de decir que el amor no termina con la muerte. La Iglesia no enseña que los difuntos regresen a comer lo que les dejamos, pero recibe con gusto toda costumbre que sea conforme a la fe y los recuerde con cariño y con oración. Y añade algo más: dos días para rezar.

El 1 de noviembre la Iglesia celebra a Todos los Santos: todos los hombres, mujeres y niños que están con Dios en el cielo, incluso muchos cuyo nombre nadie conoce. El último libro de la Biblia los describe como una multitud de todas las naciones, demasiado grande para contarla. La Iglesia enseña que no están lejos de nosotros. Formamos una sola familia, la comunión de los santos, y los santos del cielo rezan por nosotros.

El 2 de noviembre la Iglesia recuerda a los Fieles Difuntos: a todos los que han muerto. La Iglesia enseña que quienes mueren en la amistad con Dios tienen asegurado el cielo, pero muchos necesitan todavía prepararse para verlo cara a cara, una purificación de amor a la que llamamos purgatorio. No podemos verlo, pero no estamos de brazos cruzados. Nuestras oraciones, y sobre todo la Misa, pueden ayudar a esas almas. Rezar por los difuntos es una obra de amor, y los cristianos lo hacen desde los primeros siglos.

Santa Mónica vivió esto. Durante años rezó y lloró por su hijo Agustín, y alcanzó a verlo bautizado. Hacia el año 387 esperaban en el puerto de Ostia, cerca de Roma, un barco que los llevara de vuelta a África, cuando Mónica cayó enferma. Agustín cuenta en sus Confesiones que ella les dijo a sus hijos que no se preocuparan por dónde la enterraran. Una sola cosa le importaba.

Acordarse de alguien ante el altar del Señor quiere decir hacerlo en la Misa, donde la Iglesia siempre ha recordado a sus difuntos. Agustín cumplió el deseo de su madre. En ese mismo libro pide a todo el que lo lea que se acuerde de Mónica y de su padre ante el altar. Su último deseo no fue una gran tumba, sino la oración. Esto fue lo que dijo:

“Pongan este cuerpo donde sea; que eso no los inquiete: solo les pido que se acuerden de mí ante el altar del Señor, dondequiera que estén.”

Confesiones 9, 11, tal como lo cuenta su hijo Agustín (traducción nuestra)

Para llevar a casa

Pongan la foto de alguien a quien aman y que ya murió donde todos la vean, y enciendan una vela si pueden. Cuenten una anécdota de esa persona y recen juntos un Padre nuestro por ella.

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