El último domingo antes del Adviento
Cristo Rey

El último domingo del año de la Iglesia, el domingo antes del Adviento, celebramos a Jesús como Rey de todo el universo. El papa Pío XI comenzó esta fiesta en 1925. Pero Jesús es un rey diferente. Cuando Pilato le preguntó si era rey, Jesús respondió que su reino no es de este mundo. No tiene ejército, y su trono fue una cruz. La Iglesia enseña que Jesús es el Señor de toda la historia, que su reinado ya ha comenzado y que será completo cuando él vuelva. Participamos de su realeza cuando servimos, sobre todo a los pobres y a los que sufren.
El beato que hoy nos enseña vivió esta clase de realeza. Miguel Pro nació en 1891 en México, en una familia de mineros, y se hizo jesuita. Por los problemas de su país estudió para sacerdote en el extranjero, y fue ordenado en Bélgica en 1925. Era un hombre alegre, siempre con un chiste a mano. Regresó a México en 1926, justo cuando el gobierno aplicaba duras leyes contra la Iglesia: muchas iglesias estaban cerradas y los sacerdotes no podían celebrar la Misa en público.
Así que el padre Miguel sirvió en secreto. Con disfraces recorría la ciudad para celebrar la Misa en casas particulares, confesar, bautizar y llevar la Comunión a las familias, y también llevaba comida a los pobres. En noviembre de 1927 lo acusaron, sin ninguna prueba, de participar en un complot contra el gobierno, y fue ejecutado el día 23 de ese mes, sin juicio. Los relatos dicen que perdonó a quienes lo mataron y que gritó el lema que tantos católicos mexicanos de aquellos años llevaban en los labios: ¡Viva Cristo Rey!
La Iglesia honra a Miguel como mártir, alguien que da la vida por amor a Cristo. En 1988 el papa Juan Pablo II lo declaró beato, un paso en el camino para ser nombrado santo. Su fiesta, el 23 de noviembre, cae cerca de Cristo Rey, y en México los peregrinos siguen yendo a la gran estatua de Cristo Rey en el cerro del Cubilete. El reino de Miguel es el que Jesús nos enseñó a pedir cada día en el Padre Nuestro, un reino de amor, de verdad y de servicio. Estas palabras estaban en sus labios al final:
“¡Viva Cristo Rey!”
Para llevar a casa
Recen juntos el Padre Nuestro. Cuando lleguen a Venga a nosotros tu reino, cada uno dice una manera de servir hoy a alguien de la casa, como poner la mesa o ayudar a un hermano.

