9 de diciembre

San Juan Diego

El 9 de diciembre la Iglesia recuerda a san Juan Diego, tres días antes de la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe. El relato de lo que ocurrió en el cerro del Tepeyac se cuenta en la lección del 12 de diciembre, así que aquí no lo volveremos a contar. Hoy miramos al hombre mismo. Juan Diego nació hacia 1474 cerca de lo que hoy es la Ciudad de México, y su nombre en náhuatl era Cuauhtlatoatzin. Era un hombre sencillo, y se hizo católico ya de adulto, hacia 1524, cuando llegaron los primeros misioneros.

Hay algo en ese relato que importa para hoy. El relato dice que, cuando la Señora le pidió a Juan Diego que llevara su mensaje al obispo, él se sintió demasiado pequeño para esa tarea. No era rico ni importante, y pensaba que ella debía enviar a alguien más grande. El relato dice que ella le respondió con gran ternura, llamándolo el más pequeño de sus hijos, y lo envió de todos modos. Dios no elige a sus ayudantes por ser grandes, sino por estar dispuestos. No tenemos que creer cada detalle, pero el relato muestra cómo piensa Dios.

Esto es justo lo que enseña Jesús. Una vez sus discípulos le preguntaron quién es el más grande en el reino de los cielos. Jesús llamó a un niño pequeño, lo puso delante de ellos, y dijo que el más grande es quien se hace humilde como este niño. La Iglesia enseña que el Reino pertenece a los pobres y a los humildes, a los que lo reciben con un corazón sencillo, y que la humildad es donde empieza la oración. La humildad no significa pensar mal de nosotros mismos. Significa saber que todo lo que tenemos es un regalo, y estar dispuestos a dejar que Dios nos use.

El papa Juan Pablo II declaró beato a Juan Diego en 1990 y santo en 2002, las dos veces en la Ciudad de México: el primer santo indígena de América. La Iglesia nombra santos para proponerlos como modelos y como amigos que rezan por nosotros. En México, muchos niños se visten de Juan Diego por estos días, con una tilma, un manto sencillo, y un sombrero. Él muestra que no hace falta ser grande, rico ni listo para que Dios cuente contigo.

Para llevar a casa

Den las gracias a alguien que hace trabajos pequeños que nadie nota, como quien cocina en casa o limpia en la escuela, y díganle lo mucho que importa. Luego recen juntos un Ave María y pidan a san Juan Diego que los ayude a ser humildes y valientes como él.

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